Joaquín Sabina, el eterno canalla del bombín y la voz de lija, ha decidido poner un broche de oro a su monumental carrera con un proyecto que es pura esencia sabiniana: Hola y adiós. Este trabajo conceptual, que da nombre tanto a su gira de despedida de los grandes escenarios como a un recopilatorio definitivo, funciona como un testamento musical y un agradecimiento íntimo a las tres generaciones que han habitado sus canciones.
El disco es una cuidada antología que recoge la geografía sentimental de toda su trayectoria. En él conviven himnos generacionales indispensables como 19 días y 500 noches, Y sin embargo o Contigo, temas que se balancean magistralmente entre la melancolía del desamor, la picaresca urbana y la poesía de los perdedores. La selección no es azarosa; está diseñada para guiar al oyente por un viaje emocional que va desde las noches de exceso y tabernas madrileñas hasta la lucidez de la madurez.
Lejos de ser una despedida amarga, Hola y adiós es una celebración de la vida. A través de sus letras descaradas y crudas, el cantautor de Úbeda nos recuerda que la despedida de los escenarios no es un olvido, sino una forma de quedarse para siempre en el imaginario colectivo. Sabina se retira de los focos con la dignidad del poeta que sabe que sus canciones ya no le pertenecen a él, sino al pueblo. Este álbum es, en definitiva, el último brindis de un artista irrepetible; un saludo final que nos dice «hola» a su legado eterno mientras nos dice «adiós» desde el escenario.
